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DESARROLLO DEL NIÑO Y ADOLESCENTE

LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN LA INFANCIA: EDUCACIÓN, FAMILIA Y ESCUELA

2016-05-26 07:47AM

 

 

Hoy en día vivimos una oleada de violencia emocional en las calles de nuestras ciudades, la cual queremos transformar y hacer que nuestros hijos puedan resolver de manera que no se contaminen y puedan contribuir a que sus espacios de convivencia y sus propias relaciones sean muy sanas. Por eso es fundamental iniciar la discusión de temas que nos permitan, como padres y educadores, enriquecer el entorno de los chicos, para facilitarles el camino y seguir contribuyendo a su estado de bienestar. En este breve texto abordamos algunas descripciones y consejos que podemos seguir para desarrollar para nosotros y nuestra familia la Inteligencia Emocional.

 

La Inteligencia Emocional, como toda conducta, es transmitida de padres a niños, sobre todo a partir de los modelos que el niño se crea. Tras diversos estudios se ha comprobado que los niños son capaces de captar los estados de ánimo de los adultos (en uno de estos se descubrió que los bebés son capaces de experimentar una clase de angustia empática, incluso antes de ser totalmente conscientes de su existencia. Goleman, 1996).

 

LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN EL CONTEXTO FAMILIAR

La personalidad se desarrolla a raíz del proceso de socialización, en la que el niño asimila las actitudes, valores y costumbres de la sociedad. Y serán los padres los encargados principalmente de contribuir en esta labor, a través de su amor y cuidados, de la figura de identificación que son para los niños (son agentes activos de socialización). Es decir, la vida familiar será la primera escuela de aprendizaje emocional.

Por otro lado, también van a influir en el mayor número de experiencias del niño, repercutiendo éstas en el desarrollo de su personalidad. De esta forma, al controlar la mayor parte de las experiencias de los niños, los padres contribuyen al desarrollo de la cognición social.

Partiendo del hecho de que, los padres, son el principal modelo de imitación de los hijos, lo ideal sería que, como padres, se inicien a entrenar y ejercitar su Inteligencia Emocional para que sus hijos puedan adquirir esos hábitos.

La regla imperante en este sentido, tal y como dijeran M. J. Elías, S. B. Tobías y B. S. Friedlander (2000), es la siguiente: “Trate a sus hijos como le gustaría que les tratasen los demás”. Si analizamos esta regla podemos obtener 5 principios:

  • Sea consciente de sus propios sentimientos y de los de los demás.
  • Muestre empatía y comprenda los puntos de vista de los demás.
  • Haga frente de forma positiva a los impulsos emocionales y de conducta y regúlelos.
  • Plantéese objetivos positivos y trace planes para alcanzarlos.
  • Utilice las dotes sociales positivas a la hora de manejar sus relaciones.

Observando estos principios, nos damos cuenta que nos encontramos delante de lo que son los cinco componentes básicos de la Inteligencia Emocional.

  • Autoconocimiento emocional.
  • Reconocimiento de emociones ajenas.
  • Autocontrol emocional.
  • Automotivación.
  • Relaciones interpersonales.

 

Estos ejercicios que se describen muy rápido, requieren de un proceso gozoso de contacto con mis propias emociones y disfrutar de la oportunidad de vivirlas, aún las que hemos creído que son nocivas como por ejemplo el enojo o la tristeza, ¿Tengo derecho de enojarme? ¿Tiene derecho mi hij@ de enojarse? ¿De sentir tristeza y llorar? Entendemos pues que las emociones no son malas y no hay que reprimirlas, pero tenemos que aprender a vivirlas de la mejor manera, sin culpa. Y esta experiencia le mostrará a mis hij@s cómo se puede conseguir bienestar emocional con el ejemplo.

Sin duda este es un tema que requiere mucha discusión y ejercicio en la familia y en nuestros contextos cercanos.

 

Ver más: http://www.psicologia-online.com/monografias/1/infancia_ie.shtml